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Sequía: Agrónomo pide tomar consciencia sobre el impacto del cambio climático

Análisis de la situación de los cultivos ante la cosecha gruesa.
El ingeniero agrónomo José Luis Tedesco consideró que el cambio climático está afectando a la región y al desarrollo de sus cultivos. A través de una análisis de los datos meteorológicos e históricos, explica la situación en la que se encuentran los sembrados de maíz y soja según el momento en el cual fueron implantados y la cantidad de agua a la que pudieron acceder en medio de la sequía.


"En los registros históricos acumulados el trimestre noviembre-diciembre-enero suman alrededor de 330 milímetros, en el mismo trimestre 2017/18 sumó 80 milímetros para Chacabuco, en algunos sectores en el norte del partido fue un poco más y en otros sectores en el sur del partido la precipitación acumulada en el trimestre noviembre enero fue de menos de 70 milímetros", comentó Tedesco.
"Es importante tener el cuenta que en el mismo período la evapotranspiración, es decir, el agua que evapora el sol directamente del suelo, más la que evapora como transpiración de la cubierta vegetal de cultivos y plantas la mayor parte de las campañas y en los registros históricos, queda bastante equilibrada con un leve déficit de agua útil en el suelo para los cultivos durante enero por las mayores temperaturas y por lo tanto mayor evapotranspiración", agregó, "La relación entre el agua precipitada y el agua evapotranspirada, es decir la relación entre las entradas y salidas de agua de los agroecosistemas se denomina balance hídrico".
"En el trimestre noviembre - diciembre - enero del años  pasado el ambiente arrojó un balance hídrico con un déficit en torno a los 300 mm, en algunos sitios fue un poco mayor y en otros sitios algo menor pero con impacto claramente de déficit severo", continuó.
"El atenuante de esta situación vino de la mano de los excesos en el balance hídrico invernal que acumularon mucha agua y habían hecho ascender las napas freáticas hasta situarlas en el primer metro de profundidad del perfil del suelo a inicios de la primavera en grandes extensiones de nuestro partido de Chacabuco", recordó.
"Los cultivos de maíz sembrados a principios de primavera fueron haciendo uso de esta reserva de agua a medida que la primavera avanzaba, se acercaba el verano y las precipitaciones se hacían esperar -agregó-. Los cultivos de soja que se sembraron a fines de octubre, en muchos casos fueron implantados con excesos hídricos, "en el barro" como suele decirse en el campo".
"Luego las precipitaciones fueron escaseando y las tasas de crecimiento, es decir, el crecimiento diario de los cultivos, fue reduciéndose hasta volverse evidente un decrecimiento considerable del porte de las sojas de primera a inicios del verano, producto de la sequía a la que estaba sometida, más allá de que pudiera extraer algo del agua freática que a estas alturas del año ya había descendido abruptamente hasta situarse por debajo de los 2,5 metros a mediados de enero en muchos sitios del partido y por debajo del alcance de medición en muchos otros casos", continuó.
"Las escasas lluvias de Navidad socorrieron temporalmente a algunos maíces que se encontraban en período crítico, es decir, en floración y polinizando para generar grano -aclaró Tedesco-. Situación que a los pocos días fue revertida por el déficit que se fue instalando nuevamente haciendo que las espigas se llenen de manera incompleta y con evidentes pérdidas. Lamentablemente y producto de este escenario, en algunos casos las pérdidas serán moderadas y en otros casos muy severas; producto de la menor producción de granos a la que se suma su bajo peso. En estos casos las lluvias de febrero llegaron tardíamente".
"En el caso de las sojas de primera, más allá del enorme aborto de flores, que implica una menor producción de chauchas y de granos, se observan al día de hoy con expectativas más favorables, porque las chauchas que lograron cuajar y formarse están en pleno llenado de granos, por lo que se espera que la variable puedo de granos no se vea tan afectada y compense un poco la menor cantidad de chauchas o vainas formadas", consideró el agrónomo.
"En el caso de las sojas de segunda, sembradas tardíamente luego del trigo y la cebada, desde mediados a fines de diciembre y principios de enero en este año en particular para nuestra comunidad agroalimentaria de Chacabuco, se observan cultivos que sufrieron un stress muy severo con escaso desarrollo y en algunos casos pérdidas de sembradíos directamente -explicó Tedesco-. Las lluvias de febrero en este caso aún no lograron sacar a estos cultivos de segunda de su estado de stress y se observa una respuesta muy lenta a la precipitación recibida".
"En resumen, hasta ahora sufrimos un trimestre, entre noviembre y enero, levemente más seco que el que el de la campaña 2008/09 que fue una de las sequías más severas de la historia registrada por estas Pampas -opinó-. Sin embargo, como atenuante para la actual campaña 2017/18, los perfiles de suelo venían con excesos hídricos del invierno y por lo mismo con gran cantidad de agua útil en el perfil que permitió que los cultivos no se perdieran completamente".
"El cambio climático nos está golpeando muy fuertemente, es necesario que todos tomemos conciencia de ello -afirmó el ingeniero-. Los productores agropecuarios, los propietarios de campos, los funcionarios públicos, la población en general. El riesgo de la producción se ha incrementado enormemente, los seguros contra granizos e incendio son claramente insuficientes y cada vez se volverá más necesario un sistema que permita mitigar el riesgo y que contemple mayor cantidad de fenómenos ambientales para ser cubiertos como la sequía, anegamientos, etc.".
"La flexibilización y contemplación de este tipo de fenómenos en los contratos de arrendamiento deben estar presentes y junto a la necesidad de realizar un manejo que requiere mayor flexibilidad en todos los aspectos posibles desde el punto de vista productivo-ambiental y adecuados a los nuevos escenarios que se presentan", agregó.
"Los cultivos de servicios ambientales son una herramienta crucial para mitigar estas situaciones, sin embargo los escasos márgenes de rentabilidad en muchos casos dejan fuera de análisis esta posibilidad", continuó.
"La evolución hacia un nuevo paradigma parece evidente junto a la necesidad de una menor presión fiscal, el involucramiento de los propietarios de campos quienes deberán asumir algún rol más proactivo y flexible, junto a una mayor toma de conciencia por parte del productor acerca del manejo del riesgo ambiental con mayor incorporación de conocimiento y tecnologías de procesos por la sustentabilidad de todo el sistema", finalizó Tedesco.