Catedrático dice que es posible cultivar cereales y oleaginosas sin agroquímicos

Lalo Bottesi estuvo en Chacabuco .





Raúl “Lalo” Bottesi, es ingeniero agrónomo y responsable de la cátedra libre de Soberanía Alimentaria de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires. Afirma que se pueden producir cultivos tradicionales sin apelar a agroquímicos.
Bottesi estuvo el sábado en Chacabuco para participar en un foro de salud, ambiente y formación que se desarrolló en la Escuela de Educación Técnica N°1, organizado por el centro cultural Colgados de la Rama.



-¿Cómo se hace para producir sin usar agroquímicos?
-Nosotros estamos convencidos, por una cuestión técnica y práctica que se pueden producir alimentos sin el uso de productos químicos o tóxicos. Esto es comprobable porque hay un montón de hectáreas donde se está produciendo de esa manera. Podemos arrancar con la horticultura, donde se está produciendo gran cantidad de alimentos, sin venenos. Últimamente se produce, lo que nos decían que no se podía hacer. Se trata de trigo, maíz, soja, sorgo, en los que no se usan agroquímicos. Es una forma de interpretar la producción. Desde la agroecología trabajamos poniendo en práctica principios. Uno de ellos es la asociación y la diversidad genética. Cuando uno hace un monocultivo, tiene que colocarle un montón de insumos externos para poder sostenerlo. Por eso dicen que ese tipo de cultivo es sostenible. Nosotros hacemos cultivo sustentable. Ponemos el cultivo que queremos desarrollar, y lo asociamos con alguno leguminosa como el trébol que le aporta el nitrógeno que, por ejemplo, el trigo  necesita para desarrollarse. Otra concepción más amplia que tenemos, es la del saneamiento de los suelos. Son suelos absolutamente castigados, con muchos años de agricultura sobre agricultura. No se respetó más la rotación habitual  de ganadería y agricultura. Hay que devolverle la vida al suelo, porque es un ser vivo.

-¿Y qué ocurre con el control de plagas el gran valuarte de los agroquímicos?
-Hay un mecanismo comercial muy fuerte y grande que obviamente tiene que defender su negocio y grandes empresa. Se trata de empresas multinacionales que ganan mucho dinero. Ellos dicen que es imposible producir de la manera que nosotros defendemos. Si nosotros dejáramos de aplicar productos químicos esas mismas plagas no sería tales. Serían insectos que están en los cultivos. Estarían los que se pueden comer la planta pero también sus depredadores. Hay que restablecer todo ese sistema que también está destruido. Cada vez que aplicamos un producto químico, disminuimos la población que causa daño pero también la otra. Estamos provocando un daño innecesario.

-¿Se busca un equilibrio?
-Sí. Ahora está el sistema totalmente perturbado, agredido. Lo que hay que hacer es recuperar la naturaleza.

-¿Tiene alguna experiencia verificada?
-En horticultura tenemos una experiencia muy grande. Somos productores agroecológicos. Producimos y comercializamos este tipo de hortalizas. Después hay compañeros que están produciendo cereales. Hay cerca de 4.000 hectáreas en las que se está produciendo de esta manera. Entre otros lugares, en Guaminí.

-¿Y cómo enfrentan el problema de los agroquímicos que se pulverizan en los lotes aledaños?
-Esa es una realidad. Todos los cultivos agroecológicos de trigo, maíz y soja sufren la deriva de agroquímicos de los cultivos vecinos donde se produce de otra manera distinta. La deriva es inevitable. Por más que los que venden los productos que no existe, la deriva existe. Haya poco o mucho viento. Y mucho más con los sistemas que se están utilizando como la aerofumigación.

-¿Cómo se logra la soberanía alimentaria?
-La soberanía alimentaria es uno de los objetivos que perseguimos con esta propuesta. Tiene que ver con el cambio en la forma de producción, con el consumo de alimentos sin venenos, con una relación más igualitaria entre los propietarios de la tierra y los trabajadores. Creemos que el actual sistema productivo obedece a una realidad que es que el productor que tiene 200, 300 o 400 hectáreas, está buscando la comodidad de echar un producto químico y olvidarse de la mano de obra o de pasar un tractor como se hacía antiguamente. No es un retroceso volver a las prácticas que proponemos. Es darle la posibilidad a la población de que pueda vivir de una manera mucho más sana y alcanzar el buen vivir.