Día de la alegría: una poesía de Neruda

Una jornada para reflexionar.


Hoy se celebra el día de la alegría. Es una propuesta de un habitante de Colombia llamado Alfonso Becerra compartió en 2010 en un congreso de gestión cultural que se celebró en Chile.
Puede que en la actualidad la gente esté agoviada por los problemas económicos pero siempre puede tener su espacio para sentir alegría.
La alegría es un sentimiento tan particular, que cuesta encontrar ejemplos que realmente alcancen a muchas personas. Habrá quien que crea que la alegra la sonrisa de sus hijos, el canto de los pájaros, la noche, las reuniones con amigos, el amanecer, los logros individuales, los triunfos colectivos, el baile, las canciones... En fin, una variedad interminable de imágenes para todos los gustos.


Pablo Neruda puso en versos aquello que creía que sería su fuente de alegría. Tituló el poema "La Gran Alegría".

La sombra que indagué ya no me pertenece.
Yo tengo la alegría duradera del mástil,
la herencia de los bosques, el viento del camino
y un día decidido bajo la luz terrestre.

No escribo para que otros libros me aprisionen
ni para encarnizados aprendices de lirio,
sino para sencillos habitantes que piden
agua y luna, elementos del orden inmutable,
escuelas, pan y vino, guitarras y herramientas.

Escribo para el pueblo, aunque no pueda
leer mi poesía con sus ojos rurales.
Vendrá el instante en que una línea, el aire
que removió mi vida, llegará a sus orejas,
y entonces el labriego levantará los ojos,
el minero sonreirá rompiendo piedras,
el palanquero se limpiará la frente,
el pescador verá mejor el brillo
de un pez que palpitando le quemará las manos,
el mecánico, limpio, recién lavado, lleno
de aroma de jabón mirará mis poemas,
y ellos dirán tal vez: "Fue un camarada".

Eso es bastante, ésa es la corona que quiero.

Quiero que a la salida de fábricas y minas
esté mi poesía adherida a la tierra,
al aire, a la victoria del hombre maltratado.
Quiero que un joven halle en la dureza
que construí, con lentitud y con metales,
como una caja, abriéndola, cara a cara, la vida,
y hundiendo el alma toque las ráfagas que hicieron
mi alegría, en la altura tempestuosa.

Como se ve, este hombre que sabía conjugar las palabras y el sentimiento, reconoció que lo que le causaría la gran alegría de su vida es que el pueblo leyera sus obras y lo considera parte del mismo.