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Escribió un libro para los que se sienten viejos a los 30

Aborda la figura de aquel que quiere volver a ser adolescente y de otros que solamente piensan en trabajar sin disfrutar de la vida. "Conozco viejitos de 18 y jóvenes de 80", dice el autor.


Maximiliano Márquez acaba de publicar por sus propios medios un libro de autoayuda que se llama "Me siento viejo a los 30". En la obra, opina sobre la cuestión sobre la base de sus diálogos con personas de distintas edades.
Márquez forma parte de la iglesia de Bernardo Stamateas, y ya ha publicado otro libro referido al amor.

-¿Cuál es el origen de este libro?
-La idea surgió una mañana en la que me levanté de mi cama después de haber ido al médico y descubrir que tenía los triglicéridos al doble, colesterol. Me dolía el cuerpo porque había jugado al fútbol. Me dije: ‘que viejo estoy’. Y me salió el título ‘Me siento viejo a los 30’. Conociendo historias y anécdotas de personas con las que hablo por el lugar donde me desenvuelvo, empecé a investigar sobre la crisis de los 30 y vi los dos polos a los que va la gente en esta etapa de la vida.




-¿Cuáles son?
-Hay un fenómeno que afecta a muchas personas que están entre los 25 y los 40 años que en una especie de huída a la vejez, o para parecer más cool o modernos, se comportan como adolescentes, salen con adolescentes, tienen amistades adolescentes. Algunos tienen familia o tuvieron y volvieron a la adolescencia. Se ve tanto en hombres como en mujeres. Hay mujeres que tienen novios de la mitad de su edad. Mamás que salen con sus hijas y uno se pregunta cuál es cual. No está mal. El punto es que no debería existir ese espacio tan estrecho. Debería estar marcado quién es la mamá y quién es la hija. No está mal que haya padres modernos. Los padres no deberían comportarse como más rebelde y adolescente que sus hijos. He escuchado que padres e hijos comparten pareja.

-¿Y el otro polo?
-Es en el cual la persona se comporta realmente como un viejito, en el sentido cotidiano de la vida, no por enfermedad. La vejez no es un estado físico sino mental. Conozco viejitos de 18 años y jóvenes de 80. No tienen nada que ver los años, ni el cuerpo, ni la salud.

-¿Y entonces quién es ese viejito de 30?
-Es gente que ha formado una familia. Por ejemplo, hombres a los que lo único que les preocupa es mantener la casa. Trabajan, van a la casa y duermen. Es una rutina constante. Son personas que no sueñan o proyectan. No están disfrutando de la vida porque sienten que no están para eso. Dicen que lo único que quieren hacer es trabajar porque desean terminar su casa, luego, quieren construir el quincho, el auto 0 kilómetro, y cuando se dieron cuenta, tienen 60 años y vivieron toda su juventud de una manera pasiva, sin disfrutar, sin salir de su casa. Se encuentra con la señora a esa edad y dice: ‘¿Ésta quién es?’. Ahí quieren volver a comenzar y disfrutar. Pero en realidad, tienen la oportunidad a los 30.

-¿Esto se debe a los cambios sociales y culturales?
-Tiene que ver, pero a los 30 años, según estudios de una Universidad de México, el cuerpo empieza a cambiar. Aparecen las arrugas, el pelo está más débil, uno se siente más cansado. En la mujer, hay desfasajes hormonales, pre menopáusico.

-¿Esa parte biológica no se modifica con lo cultural?
-No se nota en el exterior, pero dentro del cuerpo están pasando cosas. Se evidencia en actitudes. Por ahí un nene travieso exalta a un mayor de 30 de una manera que antes no le ocurría. Yo trabajo con adolescentes. Cuando tenía entre 20 y 25 años, era como que yo era uno más, y no tenía problemas con que tocaran una batería. Ahora escucho una batería y pido que paren un poco. Es porque el oído ya se va cansando. La vista también se va cansando. No es que uno se vuelva viejo, sino que comienzan a aparecer algunos síntomas.

-¿Qué más trae el libro?
-Yo hablo de todas las etapas de la vida. El punto es que esta es una edad linda. Si ya fuiste padre, estás con algo de madurez y camino recorrido para criar bien a tus hijos. Es buena edad para ser padre. A veces veo que las personas llegan muy cansados a esta edad o que la pasan sin disfrutarla. Lo que yo digo es que si no la pudieron disfrutar, no tomen malas decisiones, y que puedan disfrutar el resto de su vida. A los que todavía no llegaron, que tomen buenas decisiones para poder disfrutar.

-¿Entre los dos polos hay una tercera posición?

-Hay muchos estándares que hacen que nosotros queramos huir a la vida de compromiso, a la vida familiar. Hoy hay un atentado muy grande contra la familia. Por eso encontramos muchas familias disfuncionales. La gente quiere formar una familia, pero cuando empiezan los achiques y aprietes, las responsabilidades y te sacan la singularidad, se elige dejarla e irse. No se trata de eso, sino de tomar buenas decisiones, pensar bien antes de formar una familia. Formarla con responsabilidad. Que uno entre en una rutina, o asumas responsabilidades, no quiere decir que se haya vuelto un viejo. Al contrario, se puede formar una buena base, vivir una buena vida, ser moderno y moderno. Se trata de combinar las dos cosas. No puede hacerse un desparramo con las relaciones afectivas porque no se puede superar el hecho de no quererse a uno mismo. La idea del libro es dar un montón de herramientas e ideas para que la gente pueda pensar en armar una vida en la que pueda disfrutar a pleno, no sólo de la diversión.

(Entrevista de Cristian Otegui publicada en el diario De Hoy del domingo 23 de julio de 2017)