Especialista opinó que la violencia doméstica​ se soluciona con educación y Justicia

María Alemán trabaja en la oficina de Violencia Doméstica de la Corte Suprema de Justicia. Es psicóloga y opina que para terminar con este flagelo hay que cambiar la forma de educación de las futuras generaciones.

La profesional encabezó el viernes una jornada sobre el tema, en la Sociedad Italiana, que fue organizada por Sembrando Futuro.
"El trabajo que yo hago, lo realiza desde la perspectiva del género, es decir, desde el lugar que varones y mujeres toman en la sociedad, en relación a construcciones culturales que le dicen a los varones como ser varones y a las mujeres, como ser mujer -dijo Alemán-. Hay ciertas conductas culturales que hacen que la mujer quede en un lugar más vulnerable, y, en general, que el varón quede en un lugar donde la violencia es un recurso válido para resolución de conflictos. Cuando se juntan una mujer vulnerable con un varón de ese tipo, nos podemos encontrar con el tema de la violencia doméstica en todas sus variables. Hay situaciones que no exceden lo emocional, pero son gravísimas porque arruinan la vida de las personas, y situaciones de violencia física, que pueden llegar a la muerte. Están a la orden del día. No es que antes no existían. Siempre existieron pero ahora son más publicitadas y hay un cierto descontrol".

-¿Qué sea una conducta cultural la hace difícil de cambiar?
-Esas conductas se construyen desde la cultura pero después se tiene a invisibilizar los orígenes, haciendo pensar que es parte de la naturaleza humana. Se cree que es natural que el varón deba defender sus derechos a los golpes. Es mucho más difícil de cambiar lo que se cree natural que lo cultural. Se piensa como natural que a la mujer le tiene que gustar más la escoba que el auto, por ejemplo. No lo es. Es una cuestión cultural. Se les enseña a las mujeres y a los varones a ser de una determinada manera, siempre con mandatos culturales, dentro de un sistema patriarcal. Es un discurso masculino. Se dice que es natural que a los niños los eduquen las mujeres, pero con un discurso patriarcal. A las normas sobre cómo tenemos que educar las mujeres no las escribimos las mujeres.

-¿La situación económica influye en los casos de violencia?
-Ha habido violencia con dinero y sin dinero, con más o menos angustia. No tiene que ver con lo económico. Existe en clases con mucho poder adquisitivo y en otras con poco. En clases con mayor o menor nivel cultural. Históricamente, no ha dependido del dinero.

-¿Cómo se puede transformar la situación?
-Es difícil. Un inicio sería empezar educar a los niños desde otro lugar, sin los estereotipos de género. Si uno va generando personas con menor posicionamiento tradicional de género, con menos construcción cultural, eso podría facilitar que afloje la situación de la violencia de género, el abuso sexual infantil. Es un trabajo difícil, porque se necesitan educadores que piensen de otra manera. Creo que la salida está por ahí.

-¿Qué aprendió de su trabajo en el tema?
-Yo trabajo en Capital Federal. Las medidas de protección salen en el día. Es un trabajo intenso que se hizo pero está dando muy buenos resultados. Lo que pasa es que la Justicia no trabaja en prevención. Trabaja en dar protección cuando el daño ya está hecho. Hay que trabajar más en el área de protección.

-¿Y con las acusaciones de que la Justicia no actúa a tiempo?
-Eso es verdad. En la Capital Federal se trabaja. Es un trabajo que se hace desde el 2008, con la Corte Suprema de Justicia que abrió la oficina de violencia doméstica donde yo trabajo. La idea era que a los jueces les llegara el caso con una evaluación para que pudiera disponer en el día. Eso se está logrando. La ley de violencia de género de provincia de Buenos Aires, dice que los jueces tienen 48 horas para expedirse, después hay que ver cómo se hace para que esto se haga efectivo.

-¿Las medidas no se violan fácilmente?
-Creo que además de la medida de protección, la mujer se tiene que insertar en algún tipo de tratamiento especializado. El varón también, pero no va. La mujer sí va. Es para que empiece a apropiarse de sus derechos y saber que si el señor la golpeó y transgrede la medida de protección, está desobedeciendo a un juez y tiene que informarlo en la Justicia. Pero las mujeres no lo hacen. Entonces, además de la denuncia, necesita algún tratamiento que la ayude a hacer efectivos sus derechos.