martes, 7 de marzo de 2017

Día de visibilidad lésbica por el femicidio de "Pepa" Gaitán

En Argentina este 7 de marzo se conmemora el día de la visibilidad lésbica, en recuerdo de Natalia "Pepa" Gaitán, quien fuera asesinada por el padrastro de su novia, en el 2010.

Uno de los tantos carteles que pidieron justicia por el crimen

Las entidades que defienden los derechos de los homosexuales, gays y lesbianas reconocen esta fecha para recordar una situación que deja en claro la intolerancia puede causar graves daños en la sociedad.

Natalia "Pepa" Gaitán fue muerta por un disparo de escopeta el 7 de marzo de 2010, en el barrio Parque Liceo, ubicado en la periferia de la ciudad de Córdoba. El autor del crimen fue Daniel Torres, padrastro de Dayana Sánchez, pareja de la fallecida.

El año pasado, Torres fue sentenciado a 14 años de prisión por este hecho de sangre. Seis años pasaron para que la Justicia se expidiera sobre el caso. Y durante el tiempo que duró el juicio, las distintas entidades vinculadas con la identidad de género, comenzaron a levantar la bandera de la lucha contra la intolerancia simbolizada en la muerte de Gaitán. Se buscó que en el análisis del hecho se tomara en cuenta el odio, para que no quedara como un homicidio más. Dicen que el acusado tenía fobia por los homosexuales.

Gaitán tenía 27 años, era hincha de Belgrano y se reconocía desde hacía tiempo como lesbiana, Según la crónica policial, Torres la mató sin mediar palabras y se fue del lugar del crimen, abandonando el cuerpo. 

La madre de Gaitán la recordó de la siguiente manera, en un trabajo elaborado por la facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires:

“La Nati ya ni iba a los boliches porque se cansaba de que la discriminaran en la calle. Prefería quedarse acá, con la familia, tomarse unas cervezas con las amigas o las novias, porque nosotros desde que nos dimos cuenta ya no la jodimos más. ¡Pero sabés las veces que nos ha parado la policía! ¡Se gastaban los codos entre ellos mirándole el documento y mirándola a ella! ‘¿Qué? ¿Nunca viste una mujer macho?’, les decía yo mientras ella se hacía la que estaba en otra cosa, mirando el celular. Una aprende, aprende a la fuerza. La Nati ya a los 12 años empezó con eso de cortarse el pelo, de hacer todo lo contrario a lo que hacen las nenas. Con mi marido decíamos, bueno, será una machorra, hasta que quiso suicidarse, no una vez sino tres veces seguidas. Y ahí estuvo internada en un psiquiátrico para niños como tres meses. Después seguimos con la psicóloga como un año, que decía puras pavadas. Hasta que yo un día me di cuenta y le dije a mi marido: ‘¿Querés que te diga una cosa, José? La Nati no es una nena, mi hija es un varón’. El por supuesto que no quería saber nada, pero se tuvo que convencer. Mi marido leía mucho y se angustiaba porque pensaba que la Nati iba a ser infeliz, que la iban a discriminar, no podía aguantar su sufrimiento. Pero lo mismo lo tuvo que aguantar y los primeros que íbamos a aminorarle el sufrimiento éramos nosotros. Y lo mismo le dije a la psicóloga: ‘Mire doctora, yo respeto su matrícula pero usted respéteme como madre que soy, esto se termina acá, mi hija va a ser lo que quiera y se acabó el asunto’. Y así fue. Se acabaron las sesiones, se acabó todo. Ella hizo su vida y punto, siempre se la respetamos. Una sola vez me vino toda golpeada de la plaza, llorando porque los hermanos le habían pegado. Que se estaba besando con una chica, decían. Pero con mi marido les paramos el carro, en esta casa se respeta a todo el mundo y más a la hermana de ustedes, los únicos que podemos retar somos los padres y se acabó.”