Neuquino muy agradecido con chacabuquenses que lo levantaron en la ruta

Un habitante de la provincia de Neuquén envió a Chacabuquero una nota de agradecimiento a una familia de Chacabuco que lo ayudó cuando más la necesitaba, en medio del camino.




(Nota pedida) Estimados, soy oriundo de Neuquén Capital y me sentí con ganas de escribir a este diario de Chacabuco para agradecer públicamente un gran gesto que una pareja de grandes personas que vive allí tuvo para conmigo el domingo que pasó.
Resulta que el sábado se casaba en Tandil una gran amiga de Olavarría que tuve la suerte de conocer en Buenos Aires, mientras trabajaba y cursaba allí una Maestría en Políticas Públicas de la Universidad Di Tella. Actualmente resido en Neuquén, y como no quería faltar a ese lindo acontecimiento, me tomé un colectivo a olavarría y de allí otro a Tandil. Lo pasamos muy bien porque fue un reencuentro con muchos amigos que quiero muchísimo.
A la vuelta, el domingo, tenía pasaje reservado a las 18:15 desde Olavarría a Neuquén, y pensaba tomarme de nuevo un ómnibus que hiciera el trayecto Tandil-Olavarría. Nunca calculé que habría sólo dos horarios de partida, ambos inconvenientes para llegar a tiempo a destino. Recién pasaba el mediodía y luego de intentar de manera infructuosa cambiar mi pasaje de Andesmar para otro horario, comencé a desesperarme porque no sabía cómo recorrería aquellos 170 y pico de kilómetros que me separaban del lugar desde donde emprendería la vuelta a mis pagos.
Fue así que, con mucha fe, me dispuse a hacer dedo en la ruta por primera vez en mi vida, con mi valija a cuestas. Un hombre muy gentil me alcanzó desde la Shell de Tandil, hasta la rotonda que separa las rutas a Mar del Plata y Azul. Ahí saqué una hoja que policías - también muy amables - de Tandil me habían prestado, donde había escrito en marcador rojo fuerte "Azul", y "Olavarría" al reverso.
En aquella rotonda esperé alrededor de media hora con mi cartelito en mano y haciendo dedo a todo aquel que se dirigiera a Azul. Pasaban los minutos, y ante la indiferencia de muchos conductores, crecía mi desesperación por no saber si llegaría a la terminal de Olavarría a tiempo. En eso vi que un auto paró al costado del camino con las balizas puestas, y con una alegría inmensa me acerqué corriendo hasta el lugar. Diego y Marta, una pareja muy singular y aventurera como yo, me hicieron lugar en el auto, a pesar de que iban cargados de cosas. Me relataron muchas historias de sus viajes (interesantísimas), y me dijeron que volvían de unos días de vacaciones en Chapadmalal con el hijo de ella, de vuelta a Chacabuco, para luego viajar a Colón, Entre Ríos, a visitar a una amiga. Yo a su vez les conté mi historia y los invité cuando quisieran a visitar el local de venta y recarga de cervezas artesanales que llevamos con mi hermano y dos amigos en mi ciudad.
Luego de casi una hora de compartir charlas y un ratito genial de mi vida con ellos, me dejaron en otra rotonda, que separa la entrada a Azul de la ruta que lleva a Olavarría, con la tranquilidad de pensar que me restaban solo 30km para lograr esa pequeña odisea. Ahí nomás otra pareja, de Olavarría ellos, también muy agradables y divertidos, me levantó y me dejó en la terminal. Así es como llegué tres horas antes de lo que marcaba mi pasaje a Neuquén, sintiendo la adrenalina en la sangre por esa mini-aventura que había terminado muy bien, y creyendo que la buena gente, aunque muchos piensen lo contrario, todavía existe.

Firma: Ezequiel Díaz Colodrero